Lo que el supervisor ve al entrar. Un frente solo pasa a En perforación cuando su documentación está completa y firmada; mientras falte algo, el frente se queda detenido y se ve por qué.
El documento padre. Lo abre el supervisor con el reporte de la guardia saliente y de él cuelga todo lo demás: las tarjetas individuales de cada trabajador y los tres check list del equipo.
Esta actividad está en la lista de tareas de alto riesgo del proyecto. El sistema exige estos cuatro documentos adicionales antes de habilitar la entrega al perforista:
Pruebe a escribir 15 en el O₂: el campo no acepta un valor fuera del rango del proyecto. Los límites se configuran por proyecto y por país.
Lo que el perforista y cada ayudante llenan en el celular al llegar a la cámara, antes de tocar el equipo. En Ecuador es individual — una por persona; en Perú el equivalente es el IPERC continuo, que es grupal.
Marque ✗ en «Orden y limpieza del área» y va a ver aparecer el campo de explicación y la observación que le llega al supervisor. Marque una regla dorada y se abre el cuadernillo GO / NO GO que corresponde.
La tarjeta de papel se llena con ✓ cumple, C corrección realizada y ✗ no cumple. Se respeta igual. La diferencia es que una C o una ✗ obliga a escribir qué se hizo antes de poder cerrar la tarjeta — en el papel ese casillero se queda en blanco y nadie se entera.
El formato del cliente tiene T1, T2 y T3, y una cuarta tarea obliga a sacar otra tarjeta. Se mantiene tal cual: el sistema abre una segunda tarjeta automáticamente en vez de estirar el formato, porque la estructura es de Lundin Gold y no la decide G&G.
Un O₂ de 15% o un CO de 300 ppm no entran al sistema. Es el ejemplo más simple de lo que se conversó sobre valores fuera de rango: el papel acepta cualquier número, la tarjeta digital no.
Cuando el supervisor valida en campo, la hora la pone el sistema, no la mano. Eso es lo que permite medir después qué porcentaje de las tarjetas se validó dentro de la primera hora de la guardia.
Uno de los tres que se llenan por jornada, junto con el de equipo y el de herramientas. Lo llena el líder de labor y lo valida el supervisor cuando llega al frente.
| Ítem | B | M | NA |
|---|
La preocupación que se planteó en la reunión: un documento digital es más fácil de alterar que uno de papel. La respuesta es que sí se puede corregir, pero nunca en silencio.
El sistema lo generó solo, con el proyecto, el nivel, la cámara, el equipo y el personal ya cargados desde la orden. El perforista no vuelve a escribir nada de eso.
Desde este momento el perforista ya no puede editarlo. Si necesita cambiar algo, tiene que pedirlo.
Motivo declarado: «Marqué B en plataforma y escalera por error; la baranda del lado derecho está suelta.»
La versión 1 no se borra: queda archivada y visible. El cliente puede auditar las dos.
Quien llena el documento lo puede editar mientras esté abierto. En el momento en que lo cierra, se bloquea para él. Es la regla que pidió Nilson en la reunión, literal.
Todo cambio después del cierre necesita un motivo escrito y la autorización del supervisor. El documento anterior no desaparece: se guarda como versión y queda a la vista. Auditar es comparar versiones, no confiar en que nadie tocó nada.
Una corrección después del cierre le llega como aviso. Si es un cambio de forma lo aprueba de una; si es un cambio de condición — como este, que pasa un ítem a Malo — el frente se detiene otra vez.
El proyecto, el nivel, la cámara, el equipo y los tres nombres se heredan de la orden de trabajo. Hoy esos mismos datos se escriben a mano cinco veces por jornada y por frente, y cada copia es una oportunidad de que no coincidan.
La razón de fondo del proyecto: no digitalizar por digitalizar, sino poder responder quién se está exponiendo más, qué condición se repite y dónde. Datos de demostración de los últimos 90 días.
Se lee al revés de lo que parece: el que más marca es el que más reporta, no el más riesgoso. La señal a vigilar es la contraria — el que nunca marca nada en 90 días.